En nuestra publicación anterior, os hablamos acerca de la cúrcuma, sus componentes y el papel que ha tenido esta especia durante años en la Ayurveda y la medicina tradicional china. Del mismo modo, hicimos referencia a las propiedades terapéuticas que posee la cúrcuma, destacando su efecto antiinflamatorio y antioxidante. En esta oportunidad, queremos compartir con vosotros los beneficios terapéuticos que aporta el consumo de cúrcuma en el tratamiento de una enfermedad tan común hoy día, como lo es el cáncer. Sin embargo, antes de adentrarnos en el tema, consideramos importante recordaros cierta información acerca del proceso inflamatorio y la relación que este guarda con el desarrollo de patologías cancerosas. De esta manera, entenderemos mejor como la cúrcuma ejerce su acción terapéutica.

La estrecha relación entre la inflamación y el cáncer

La inflamación es una respuesta fisiológica de los tejidos vascularizados, es decir, de tejidos que cuentan con irrigación sanguínea. Puede ser considerada como una respuesta adaptativa, ya que el proceso inflamatorio es desencadenado por nuestro sistema inmune ante situaciones perjudiciales, como lesiones o infecciones en los tejidos. Y, aunque forma parte de procesos normales en nuestro cuerpo, la inflamación también puede estar asociada a ciertas enfermedades. 

Si la inflamación se prolonga en el tiempo, se vuelve crónica y puede ocasionar alteración de las vías de señalización celular. Es decir, las vías por las que se controlan algunas funciones celulares. 

Esta alteración ocasiona un aumento en los niveles de marcadores inflamatorios y radicales libres presentes en los tejidos afectados. Por lo tanto, la inflamación crónica juega un papel clave al inducir el desarrollo de ciertos tipos de cáncer, especialmente en órganos. 

Algunos ejemplos de cáncer precedidos por enfermedades inflamatorias en órganos son: el carcinoma hepatocelular, cáncer de próstata y cáncer colorrectal; los cuales pueden estar precedidos por hepatitis, prostatitis y colitis ulcerosa, respectivamente. 

Finalmente, la interrelación entre inflamación y cáncer está mediada por diversas citoquinas y otras moléculas proinflamatorias involucradas en procesos de supervivencia y proliferación de células cancerosas, así como su diseminación en los tejidos. Estas moléculas también pueden afectar la resistencia a la quimio y radioterapia en las células cancerosas.

Pero exactamente, ¿qué entendemos por cáncer?

Definiendo el cáncer

Sabemos que cuando se habla de cáncer, se hace referencia a una enfermedad generalmente maligna. 

Es una palabra que hace saltar todas las alarmas en nuestra mente. 

Sin embargo, si nos toca precisar en qué consiste, resulta difícil de definir, especialmente por su gran diversidad. Y, es que cuando se habla de cáncer, se engloba una gran cantidad de enfermedades semejantes. Pero todas tienen algo en común: un grupo de células en el cuerpo que se empezaron a dividir sin detenerse y, además, con la capacidad de esparcirse a tejidos cercanos. 

El cáncer puede desarrollarse en casi cualquier parte de nuestro cuerpo. Por eso, debido a la variedad de células que componen nuestros órganos y tejidos, existe una gran diversidad de tipos de cáncer. En la mayoría de los casos, es común la formación de tumores. 

Estos tumores son masas de tejido sólidas formadas por la supervivencia de células anormales, viejas o dañadas que no murieron cuando era debido; así como también por las nuevas células originadas de la división descontrolada.

Existen algunos tumores benignos, más la mayoría, lamentablemente, suelen ser malignos. 

Los tumores benignos no se esparcen ni invaden tejidos adyacentes, mientras que los malignos sí. 

Además, a diferencia de sus contrapartes, los tumores malignos vuelven a crecer si son removidos quirúrgicamente. Es posible que, debido a su capacidad de invasión y a su frecuencia, sea común usar la palabra cáncer para hacer referencia expresa a los tumores malignos. 

Los tumores cancerosos, además de afectar a los tejidos circundantes, pueden llegar a crecer en lugares distantes del cuerpo, mediante un proceso llamado metástasis. En la metástasis, las células cancerosas viajan a otro lado del cuerpo a través de la sangre o el sistema linfático y forman tumores lejos del tumor inicial.

La cúrcuma como planta medicinal anticancerígena

El cáncer afecta a cientos de millones de personas a nivel mundial cada año. 

Por ello, la terapéutica actual está enfocada en mejorar y optimizar su tratamiento, así como en prevenir su aparición. Tal como mencionamos previamente, la inflamación crónica influye en el desarrollo y proliferación de células cancerosas. Así como también en la respuesta al tratamiento médico. 

Por ello, la medición de marcadores inflamatorios ayuda a predecir la supervivencia y la limitación de la respuesta a la terapia en los pacientes con cáncer. 

Como consecuencia, los agentes antiinflamatorios están recibiendo especial atención en el tratamiento contra el cáncer.

 Entre los más estudiados destacan los antiinflamatorios no esteroideos, los corticoesteroides, los inhibidores de ciclooxigenasa 2 (enzima conocida como COX-2 y clave en la síntesis de sustancias proinflamatorias) y los productos naturales. Los productos naturales son efectivos y relativamente no tóxicos. 

Además, tienen dosis terapéuticas muy por debajo de sus niveles tóxicos. 

La cúrcuma es una de las plantas medicinales que ha logrado vencer la estigmatización que tienen muchos remedios naturales en la medicina occidental, demostrando su potencial terapéutico. Diversos estudios científicos han demostrado que, gracias a sus componentes, la cúrcuma puede ser un coadyuvante en el tratamiento de diversas enfermedades. 

El efecto terapéutico de la cúrcuma es consecuencia, fundamentalmente, de sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Dichas propiedades contribuyen a reducir los mediadores inflamatorios en nuestro cuerpo. Los curcuminoides y demás compuestos libres de curcumina, presentes en la cúrcuma, son capaces de modular diferentes vías de señalización celular de manera simultánea. De esta manera, la cúrcuma tiene el potencial de prevenir y mitigar distintos tipos de cáncer. 

Entre los distintos tipos de cáncer contra los cuales la cúrcuma tiene demostrados efectos terapéuticos se encuentran el cáncer colorrectal, pancreático, de próstata, útero y ovario. Así como también el cáncer de pulmón, hígado, mama, vejiga, mieloma múltiple y otros.

Mecanismos de acción contra el cáncer

Las propiedades anticancerígenas de la cúrcuma dependen de 3 mecanismos fundamentales:  la inhibición del crecimiento de células cancerosas,  la inducción de muerte celular programada (apoptosis) en dichas células  la supresión de metástasis, aunque su acción siempre está relacionada principalmente con el proceso inflamatorio. 

Recordando un poco lo comentado en nuestro artículo previo, la cúrcuma inhibe el efecto de ciertas citoquinas. Es decir, de moléculas proinflamatorias a nivel celular. 

A su vez, bloquea las vías de señalización mediada por el factor de necrosis tumoral Alpha (TNFα) y el factor de transcripción nuclear kappa B (NF-κB). 

El NF-κB es un complejo proteico que controla la transcripción de genes proinflamatorios presentes en nuestro ADN. El TNFα, por su parte, es una citoquina proinflamatoria que también interviene en la apoptosis celular. Cuando se trata de cáncer, el NF-κB es clave, ya que se ha confirmado que la vía de señalización mediada a través de él está sobreactivada en estos pacientes. Así mismo, está demostrado que el NF-κB promueve la formación y el desarrollo tumoral. El NF-κB impide la muerte de células anormales y preneoplásicas en el cuerpo y, por ende, su eliminación. Por si fuera poco, también incrementa el número de células inflamatorias en el sitio del tumor y favorece el crecimiento tumoral al perturbar el ambiente celular. La cúrcuma impide la cascada de sustancias proinflamatorias que promueven la formación de tumores al frenar la acción del NF-κB. 

Como consecuencia, el empleo de cúrcuma resulta una opción viable y atractiva para el tratamiento alternativo natural contra el cáncer. Además, la cúrcuma también inhibe la enzima proinflamatoria COX-2 y la vía de la proteína quinasa activada por mitógenos (MAPK).

Un freno en el crecimiento y la producción de células cancerosas

Al suprimir la activación del NF-κB, la cúrcuma también inhibe la producción del óxido nítrico sintasa inducible y, en consecuencia, la producción de óxido nítrico. El óxido nítrico y sus derivados son promotores de la formación de tumores. De igual forma, la cúrcuma está considerada como un inhibidor de la angiogénesis. La angiogénesis es el proceso de formación de nuevos vasos sanguíneos. Las células cancerosas necesitan la formación de esos vasos para crecer y seguir proliferando. Sin ellos, disminuye el desarrollo tumoral e, incluso, aumenta la posibilidad de remisión. 

De acuerdo con un estudio de revisión, publicado en 2018, varios modelos experimentales in vitro e in vivo con líneas celulares tumorales de distinto origen celular, han demostrado una disminución en la proliferación celular gracias al tratamiento con curcumina, un componente de la cúrcuma. Por ejemplo, se ha visto una reducción en la formación de colonias y en el crecimiento de células pertenecientes a carcinomas de células escamosas de cabeza y cuello. Los autores de dicha revisión también hacen referencia a la inhibición (in vitro) de la proliferación celular en líneas celulares de carcinoma de nasofaringe humano, en un 55 – 65%, gracias al tratamiento con curcumina. Además, reseñan que, al combinarse con medicamentos de quimioterapia, la curcumina muestra un efecto sinérgico, potenciando la acción de dichos fármacos.

Facilitando la muerte de células cancerosas

La cúrcuma y sus componentes afectan a los diferentes linajes celulares cancerosos de maneras distintas. Por ejemplo, células de cáncer de pulmón, próstata, riñón y cérvix muestran resistencia al efecto citotóxico de la cúrcuma. Lo mismo pasa con células de melanoma y ciertos cánceres del sistema nervioso central. Sin embargo, células de cáncer de mama, ovario, colon, leucemia e hígado experimentan apoptosis en presencia de componentes de la cúrcuma. La apoptosis mediada por la cúrcuma involucra biomoléculas y vías de señalización, como la del NF-κB y otras vías distintas.

La cúrcuma es capaz de suprimir la metástasis

Reducir la invasión de tejidos adyacentes y suprimir la metástasis de las células cancerosas es un objetivo prometedor en la lucha contra el cáncer. La cúrcuma es capaz de facilitar el logro de ese objetivo mediante la inhibición de factores de transcripción, citoquinas proinflamatorias, MAPK y miARNs.

Efectos beneficiosos de la cúrcuma en la radioterapia

El tratamiento médico en la lucha contra el cáncer involucra la combinación de una amplia gama de medidas terapéuticas. La cirugía, la quimioterapia y la radioterapia son las principales opciones en el frente de batalla. Sin embargo, las terapias naturales (entre ellas la fitoterapia), poco a poco se van abriendo paso como una alternativa terapéutica. 

Una revisión publicada en el World Journal of Clinical Oncology en 2016, hace referencia al efecto sensibilizador a la radiación y el efecto radioprotector que ejerce la curcumina, respectivamente, sobre las células cancerosas y células sanas. Los curcuminoides de la cúrcuma favorecen la producción de radicales libres en las células cancerosas. Del mismo modo, tienen el potencial de disminuir la toxicidad asociada a la radioterapia debido a los efectos antiinflamatorios y antioxidantes de la cúrcuma. El autor del estudio concluye que existe muy poco riesgo de efectos adversos con el consumo de cúrcuma por parte de pacientes con cáncer. Así mismo, resalta la necesidad de mejorar la biodisponibilidad de la cúrcuma, ya que es la principal barrera que presenta este remedio natural y, deja a consideración la posibilidad de administrar cúrcuma como tratamiento terapéutico, preventivo e incluso profiláctico.

 

Ensayos clínicos con pacientes

Si bien existe una gran cantidad de estudios experimentales con animales, así como estudios realizados in vitro e in vivo que demuestran los beneficios de la cúrcuma contra el cáncer, son pocos los ensayos clínicos con pacientes. 

Uno de los ensayos clínicos más relevantes al respecto es un estudio realizado con pacientes con cáncer pancreático. 

En dicho estudio, se observó una marcada, aunque breve remisión del cáncer en un paciente (reducción del 73% en el tamaño del tumor, de 1 mes de duración) y una estabilización en la enfermedad de otro paciente, que se mantuvo por más de 18 meses, tras el consumo de 8 g de curcumina al día. 

Cabe destacar que, en el paciente en remisión, las lesiones en las que se observó una progresión fueron distintas a las lesiones que originalmente redujeron su tamaño debido a la terapia con curcumina. 

Adicionalmente, un paciente perteneciente al mismo estudio reportó sensación de bienestar y se mantuvo estable de peso durante 8 meses, a pesar del progreso en su enfermedad. 

Por lo que los autores concluyeron que la suplementación oral con curcumina es bien tolerada por los pacientes con cáncer pancréatico y, a pesar de su limitada absorción, ejerce cierta actividad biológica en algunos pacientes con cáncer pancréatico. 

Otros estudios realizados previamente han estado orientados a la dosificación y la toxicidad de la suplementación con cúrcuma en los pacientes con cáncer (estudio, estudio, estudio); así como en su impacto en la calidad de vida y la reducción de biomarcadores inflamatorios (estudio).

Un consagrado analgésico

Al igual que otras alternativas terapéuticas contra el cáncer, la suplementación con cúrcuma depende de la sensibilidad y respuesta de los pacientes al tratamiento. Ahora bien, la poca biodisponibilidad de la cúrcuma y sus componentes es una barrera que se ha logrado disminuir. Al ser combinada con aceites esenciales, nanopartículas o encapsularse en liposomas, se mejora considerablemente la absorción de la cúrcuma en el organismo. 

Por otro lado, hay que tener siempre en cuenta que las respuestas al tratamiento con cúrcuma en los pacientes con cáncer pueden ser muy diversas. 

Sin embargo, algo es seguro: la capacidad antiinflamatoria de la cúrcuma y sus propiedades antioxidantes tienen un gran potencial analgésico. Este efecto beneficioso en la reducción del dolor mejora considerablemente la calidad de vida de los pacientes, tal como se reportó mediante la sensación de bienestar en el paciente con cáncer de páncreas.

Además, es un efecto que también se ha observado en numerosos estudios con osteoartritis, una enfermedad degenerativa caracterizada por la presencia de dolor. Por ende, basándonos en los conocimientos disponibles hasta el momento, os alentamos a considerar la suplementación con cúrcuma como alternativa natural en el tratamiento contra el cáncer. Ya que, gracias a sus propiedades antiinflamatorias, la cúrcuma es capaz de ejercer una acción anticancerígena y coadyuvar en tratamiento con quimio y radioterapia.